¿Sabes cuánto vales como ser humano?

Algunas veces, las personas sienten que no valen nada. Esa actitud mental negativa trae aparejada una serie de sentimientos como el enojo, la rabia y la depresión. Las consecuencias de este malestar son el desgano, la desmotivación y el abandono de metas y proyectos.

Es preciso evitar rebajarse la dignidad ya sea por dinero, porque alguien nos insultó y nos manipuló, etc. Hacer valer nuestra dignidad es una condición esencial para tener éxito y fortuna.

Lo que se necesita para seguir adelante es autoconfianza, no permanecer en el dolor y estar amargado sin encontrarle un sentido a la vida. Tenemos que llevarnos bien con nosotros mismos, sacar todos los pensamientos y sentimientos negativos de nuestra mente y corazón que lo único que logran es que nunca cumplamos con nuestros objetivos; debemos rodearnos de todo aquello que nos hace sentir bien.

Comience a producir sentimientos positivos pensando que usted vale mucho y que sirve de mucho a la sociedad; nunca se tire a menos. Usted es quien controla y maneja su vida, no permita que nadie lo haga en su lugar, ni se deje manipular, sólo acepte de los demás consejos y criticas constructivas, cada vez que alguien intente subestimarlo tenga siempre presente que usted vale mucho y puede lograr las cosas por sí mismo.

Compartiré contigo una historia que resalta el concepto de la autoestima y el valor de la dignidad.

En cierta ocasión un discípulo se acercó a su maestro y le dijo:

-Maestro, me siento tan poca cosa que no tengo ganas de hacer nada. A menudo me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?

El maestro, sin mirarlo, le dijo:

-Cuánto lo siento muchacho, pero no puedo ayudarte, ya que debo resolver primero mi problema. Quizá después, y haciendo una pausa, agregó:
-Si quisieras ayudarme a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te podría ayudar.

-Encantado maestro- aceptó el joven a regañadientes, sintiendo que de nuevo era desvalorizado y sus necesidades postergadas.

-Bien, -continuó el maestro, y quitándose un anillo que llevaba en el dedo meñique de la mano izquierda se lo dio al muchacho diciéndole: Toma el caballo que está ahí fuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma de dinero posible, y no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó al mercado, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes que lo miraban con algo de interés hasta que el joven decía lo que pedía por él. Cuando el muchacho mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le giraban la cara y tan sólo un anciano fue lo bastante amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era demasiado valiosa como para entregarla a cambio de un anillo. Con afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un recipiente de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta.

Después de ofrecer la joya a todas las personas que se cruzaron con él en el mercado, que fueron más de cien, y abatido por su fracaso, montó en su caballo y regresó.

Cuánto hubiera deseado el joven tener una moneda de oro para entregársela al maestro y liberarlo de su preocupación, para poder recibir al fin su consejo y ayuda.

Entró en la habitación.

–Maestro, -dijo, -lo siento. No es posible conseguir lo que me pides . Quizás hubiera podido conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.

-Eso que has dicho es muy importante, joven amigo, -contestó sonriente el maestro. -Debemos conocer primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar el caballo y ve a ver al joyero. ¿Quién mejor que él puede saberlo? Dile que desearías vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca: no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.

El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo al chico:

-Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya mismo, no puedo darle más de cincuenta y ocho monedas de oro por su anillo.

-¿Cincuenta y ocho monedas? –exclamó el joven. –Sí, -replicó el joyero. -Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de setenta monedas, pero si la venta es urgente no puedo ofrecer más.

El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.

-Siéntate. -le dijo el maestro después de escucharlo- Tú eres como ese anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte un verdadero experto. ¿Por qué vas por la vida pretendiendo que cualquiera que se te acerca descubra tu verdadero valor? Y, diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo meñique de su mano izquierda.

Gracias por visitar este blog humilde y edificante.

Luis Carlos Lamadrid, investigador científico de la superación personal.

Acerca de luiscarloslamadrid

Soy Licenciado en Ciencias de La Comunicación. Me obsesiona el tema de la motivación y la superación personal. Sería capaz de hablar, leer y escribir infatigablemente sobre ese tema. Me he ganado la vida como blogger, pero quiero más salud, dinero y amor. Siento la obligación de ser ambicioso y, por eso, he creado un blog en wordpress.
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